Principios de la osteopatía
La Osteopatía no es un término que designa una enfermedad de los huesos, como la etimología podría hacerlo creer. Para STILL, su creador, esta palabra expresa la noción de enfermedad, de perturbación de los tejidos y no la patología de los huesos.
La osteopatía es una ciencia biológico-médica de enfoque global, que se interesa en la entidad humana, es decir el hombre total. Esta forma de medicina se basa sobre la buena armonía, el buen equilibrio y la buena movilidad de la arquitectura esquelética de sostén del cuerpo en el espacio. Eso quiere decir que toda perturbación de una estructura (por ejemplo, una articulación) puede ser el origen de una disfunción y un factor causal o predisponente de la alteración de la salud; de ahí la persistencia de los trastornos. Todas las estructuras óseas y por extensión, todos los tejidos del cuerpo, deben conservar intacta su movilidad para autorizar el buen funcionamiento de todas las funciones, asegurando interdependencia e interrelación de los distintos sistemas y componentes del organismo. Así llegamos a la noción del terreno.
PRIMER PRINCIPIO: LA ESTRUCTURA GOBIERNA LA FUNCIÓN 
El término “estructura” significa construcción, constitución. Se trata de hecho de la manera según la cual las distintas partes del cuerpo humano, considerado como un conjunto, están dispuestas solidariamente una con respecto a las demás. Estas estructuras son descriptas por la anatomía: huesos, músculos, fascias, órganos, vísceras, glándulas endocrinas y exócrinas, piel, etc.; la función designa la actividad de cada una de estas partes, función digestiva, función articular, sexual, respiratoria, etc. La fisiología es la ciencia que estudia el aspecto dinámico de la vida.
Cuando STILL afirma que la estructura gobierna la función, él considera el cuerpo humano en su aspecto biomecánico, máquina muy perfeccionista, sólida y frágil al mismo tiempo. Si todas las piezas que la componen están bien en su lugar, bien móviles unas con respecto a las otras, bien lubricadas, bien alimentadas, pudiendo eliminar bien sus toxinas, el conjunto funciona perfectamente. Si una sola de las partes del cuerpo está perturbada en su estructura, ciertas manifestaciones van a aparecer como consecuencia, y estas manifestaciones son llamadas enfermedades. Tomemos un ejemplo: un esguince de tobillo. Empezamos por un edema, es decir, una leve hinchazón. En sus movimientos relativos, las estructuras del tobillo ya se han modificado. El astrágalo se va a encontrar bloqueado en posición extrema con respecto a la tibia y al peroné, los ligamentos estirados no pueden recuperar su largo normal, están inflamados y el edema provoca una compresión de los capilares: este conjunto lleva a una impotencia funcional del tobillo. Tenemos involucrados varios tejidos, los huesos, los ligamentos, la sangre, es decir, el conjunto de los líquidos del cuerpo y los músculos. Por supuesto, esta relación estructura-función se aplica a todos los elementos del cuerpo y las perturbaciones pueden abarcar tanto las funciones mecánicas como las motoras, sensitivas, orgánicas o psíquicas.
SEGUNDO PRINCIPIO: LA UNIDAD DEL CUERPO 
Otro ejemplo: una persona tiene una compresión del nervio neumogástrico por fijación de su primera vértebra cervical va a tener sus funciones cardíacas y digestivas y presenta una taquicardia, es decir, una frecuencia cardiaca aumentada. Su vesícula biliar es “perezosa” y, a la larga, va a acarrear una litiasis, es decir la aparición de cálculos.
TERCER PRINCIPIO: LA VIDA ES EL MOVIMIENTO 
En la naturaleza, todo se mueve, desde los electrones alrededor del núcleo del átomo hasta las placas tectónicas de la Tierra, los planetas o las galaxias. En el cuerpo, toda la anatomía, todo, está previsto en función del movimiento y de la movilidad de los distintos tejidos entre ellos. Todas las estructuras anatómicas, desde las más densas (los huesos), hasta las blandas (fascias, músculos) y fluídicas (sangre, líquido cefalorraquídeo) se encuentran en movimiento unas con respecto a las otras. Estos movimientos son perfectamente coherentes, responden a las leyes fundamentales de movilidad articular, de movilidad cráneo sacral y visceral, y el osteópata los percibe perfectamente a través de sus manos.
CUARTO PRINCIPIO: LA HOMEOSTASIS 
Es ésta la facultad que tiene el organismo de poder equilibrar sus constantes: tensión arterial, regulación térmica, secreción hormonal, defensa inmunitaria, etc.; y de poder autorrepararse; la homeostasis es la facultad de la autocuración del organismo.
ANDDREW TAYLOR STILL decía a sus alumnos: “El mejor doctor es el que puede ayudar a la naturaleza a curarse ella misma. Pues bien, encuentren la lesión osteopática, corríjanla y dejen a la naturaleza hacer el resto”.
El no creía en la irreversibilidad de las enfermedades. Para el normalizar la circulación permitía automáticamente a un tejido recuperar, recobrar su tamaño, su estructura y su función. Eso explica algunas frases muy conocidas de STILL:
“Busquen la causa, saquen la obstrucción, y dejen que el remedio de la naturaleza, la sangre arterial, sea el doctor”.
Otra cita:
“El cuerpo del hombre es el Drugstore de Dios y uno encuentra todos los líquidos, drogas, lubricantes, ácidos o antiácidos, y todos los remedios que le han parecido necesarios a la felicidad del hombre y a su salud”.
En la mujer un quiste ovárico funcional puede existir como consecuencia de una fijación de la tercera vértebra lumbar. Una normalización de ésta, si se encuentra lesionada, permite a este ovario recuperar su movilidad y su función: entonces el quiste desaparecerá progresivamente, pues no tendrá ya razón de ser.
STILL escribe: “Todos los profesionales inteligentes y honestos de todas las escuelas y todos los sistemas que intentaron aliviar a nuestra raza de la enfermedad y del sufrimiento, en la medida en que yo pueda saberlo, tuvieron la obligación de “adivinar” como debían proceder cuando entraban en el cuarto del enfermo, por no tener una doctrina que aplicar. Yo creo que hoy en día puedo decirles que soy plenamente capaz de ofrecerles un sistema filosófico más racional sobre lo que debería ser el primer objetivo del médico cuando lo llaman a reparar un barco que no puede hacerse a la mar por causa de la acumulación de caracoles y que otra vez colocaran en el astillero para ponerlo de nuevo en estado de navegar.
Creo que esta filosofía fortalecerá a los espíritus más fuertes, con la conclusión de que nuestro primer enfoque es el más sabio para combatir con éxito todas las enfermedades. Se trata, primero, de producir una inhibición de los nervios, de los linfáticos; luego, una reacción muscular, forzándolos a descargar su contenido patológico, y mantener así esta descarga hasta que la regeneración sea absolutamente completa. Dejar los linfáticos en estado puro y sano y mantenerlos en ese estado durante toda la evolución de la enfermedad.
Yo tengo, desde hace mucho tiempo, la opinión de que si pudiéramos impedir que las impurezas se acumularan en los linfáticos y evitar que éstos se sobrecarguen, no llegaríamos a enfermedades tales como las del corazón, el cerebro, la locura...., y todos los trastornos climáticos”.
¡Clarividencia asombrosa de STILL, en una época en que, en Francia, el fisiologista CLAUDE BERNARD acababa apenas de sentar bases fundamentales de la investigación científica; en que BECHAMP, PASTEUR introducían la teoría del microbio! Su doctrina podía parecerse a una herejía para quien no tenía, como él, una visión global sintética de la vida y de la fisiología del hombre.
CLAUDE BERNARD escribía: “Cada ser vivo se nos aparece como provisto de una especie de fuerza interior que preside a manifestaciones vitales cada vez más independientes de las influencias cósmicas generales, a medida que el ser se eleva más en la escala de la organización....”
Y concluyó, al final de su vida, por la famosa fórmula: “el microbio no es nada, el terreno es todo”.
Con su concepto de las sustancias curativas del cuerpo, STILL tuvo la intuición impresionante del principio de defensa o inmunidad natural, confirmado por los conocimientos adquiridos en las investigaciones más recientes en inmunología, biología y fisiología, que explican científicamente los presentimientos de STILL, el precursor.
QUINTO PRINCIPIO: LA REGLA DE LA ARTERIA ES ABSOLUTA 
Cuando la circulación sanguínea se efectúa normalmente, la enfermedad no puede desarrollarse, pues nuestra sangre es un vehículo y transporta todos los elementos necesarios para asegurar la inmunidad natural y lucha contra las enfermedades. En otros términos, la función de la circulación arterial es fundamental. Su disminución conlleva una disminución de la capacidad de defensa de los tejidos que reciben una irrigación defectuosa y determina, en un primer tiempo, una alteración funcional que es reversible y curable; pero si tal estado persiste, interviene una destrucción de los tejidos, una esclerosis, una fibrosis que es irreversible e incurable. Y se instala una lesión orgánica y ya no una lesión funcional.